Los microinfartos pasan desapercibidos, raramente se diagnostican, y en la mitad de las personas provocarán discapacidad.
Se aconseja adquirir hábitos de vida saludables para reducir entre un 20-40% la probabilidad de sufrir un ictus.
Los factores de riesgo más habituales suelen ser la hipertensión arterial, la diabetes, el tabaquismo, el sedentarismo, el estrés emocional, el colesterol o el ácido úrico elevado.
Los microinfartos obstruyen pequeñas arterias, y con el paso de los años les producen a las personas trastornos cognitivos como pérdida de capacidad resolutiva, trastornos de conducta y pérdida de memoria.
Cuáles son los síntomas de los microinfartos
Entre los signos de alerta del ataque cardíaco se encuentran los siguientes:
- Presión, ardor, tensión o molestia opresiva en el pecho que dura cinco minutos o má
- Molestia constante que parece indigestión.
- Presión incómoda en el pecho que se irradia a los hombros, los brazos, el cuello, la mandíbula o la espalda.
- Mareo, desmayo, sudor o malestar en el estómago.
- Ansiedad, debilidad, náuseas, vómitos o cansancio sin motivo aparente.
- Dificultad para respirar sin que haya una razón obvia y sentir alteraciones de los latidos normales del corazón, con sudor inexplicable y palidez.
¿Se pueden prevenir?
La Sociedad Española de Neurología recomienda una serie de hábitos saludables para evitar sufrir un ictus:
Llevar una dieta rica y saludable: Esta dieta también tiene que tratar de evitar el colesterol LDL, lo que se consigue reduciendo las grasas saturadas. Además, así se evitan problemas de obesidad: una persona debe mantener su índice de masa corporal por debajo de 25 para reducir el riesgo de ictus.
Realizar ejercicio de forma habitual y moderada: Los problemas derivados de una vida sedentaria pueden provocar otros problemas que a su vez causen un ictus.
No fumar ni consumir alcohol: Consumir bebidas alcohólicas puede aumentar el riesgo de sufrir microinfartos al igual que el tabaco. Además, la exposición pasiva al tabaco también aumenta la probabilidad de sufrir un ictus.
Llevar un control de la tensión arterial de forma regular: Para ello se pueden llevar controles sobre la tensión arterial. En aquellas personas que no hayan sufrido un ictus anteriormente la tensión arterial debería ser inferior a 140/90, y para diabéticos o personas que ya hayan sufrido un ictus, inferior a 130/80.